Programas de televisión, de radio, comentarios en Facebook y Twitter, diarios… Todo se resume a desquitarse con un pulpo.De diferentes maneras, yas ea cocinándolo, disfrazando a un infeliz para pegarle, metiéndolo dentro de una licuadora, todos expresaron su frustración derivándola en un molusco cefalópodo.
Todos tenemos un pulpo adentro, algo que nos sirve para echarle la culpa de las cosas que no salen de la manera que esperamos. Los pulpos de este gobierno son Clarín y el campo; el pulpo de Fort es Tito; el de Chávez es USA; el pulpo de Gualeguaychú se llama Botnia…
Veo un escenario imaginario: voy caminando por una peatonal y de repente alguien me dice ”¿Querés pegarle al pulpo y te sacás toda la bronca?” Ahí hay un pulpo hecho con goma espuma y una persona con un palo le está dando masa al grito de “¡Pulpo de mierda, por tu culpa nos quedamos afuera!”. No alcanzo a entender si se refiere a la selección, al 82% móvil para los jubilados, si pertenece a la oposición, o si se le rompió la cerradura de la casa y no puede entrar. Alrededor, mucha gente esperando su turno, y el pulpo aguantando el embate estoicamente. Y pienso: un capo el pulpo.
Un capo porque está ahí, para ponerse el traje de nuestras desiluciones y dejar que nos desquitemos con él. Es un enemigo en común que nos une, como suele pasar. A nosotros nos une lo muy bueno o lo muy malo, siempre y cuando no nos toque el bolsillo.
El pulpo es el nuevo protagonista de los programas de televisión. Es lo que “da rating”, al menos hasta que la euforia del mundial se aleje un poco y se lleve los tentáculos a otra parte. Y es mejor que Tito, no sólo porque tampoco tiene reacción, sino porque además podemos descuartizarlo en público y nadie dice nada (aunque si se hiciera lo mismo con Tito tampoco creo que pase mucho).
En los supermercados hay oferta de pulpo, de calamar, o de cualquier bicho que se le parezca, para que todos tengamos la posibilidad de hacer nuestra propia tortura en casa.
Es muy fácil tener los 15 minutos de fama.
Es mucho más fácil aún echarle la culpa a un pulpo.

